Amor a los hijos

Amor por los hijos

Que el amor de unos padres por sus hijos sea incondicional, es algo que nadie duda. Posiblemente no haya otro amor más fuerte en la naturaleza. Todos los animales salvajes, fieros carnívoros o tranquilos herbívoros, se vuelven peligrosos y agresivos si sus crías encuentran en peligro. Los seres humanos somos también animales y mantenemos el mismo instinto de protección por nuestros hijos.

En ocasiones vemos en los medios de comunicación que algún criminal comete un delito imperdonable, y posteriormente vemos a los afligidos padres buscando justicia, acudiendo a entrevistas y pidiendo clemencia, siendo los primeros en perdonarle. Pues no importa lo que hagan los hijos, los padres siempre estarán de su parte y le darán su amor por siempre.

Cuando el hijo es la víctima, esta relación de amor es aún más visible. Unos padres que han perdido a su hijo, que no saben dónde está,  dejarán sus trabajos, acudirán a las televisiones y movilizarán pueblos enteros hasta encontrarlo. Pasen los años que pasen. Nunca dejarán de buscarlo.

Amor a los hijos durante la infancia

Amor a los hijos durante la infancia:

En los inicios de la vida de un hijo, es necesario, y así lo intentan los padres, educarles de la mejor manera posible. Establecer reglas de conducta, tratar de disciplinar al niño marcando unos límites. Pero no por controlar ni por beneficio del padre, sino por el propio beneficio del niño, para que crezca con seguridad y con unos valores que le sirvan el resto de su vida.

Por ejemplo, aún recuerdo cuando me avisaron del colegio que mi hijo se dormía en las clases y no atendía a los profesores. Cuando le pregunté si era verdad, él lo primero que hizo fue negarlo, empeorando la situación, ya que además de dormirse, era capaz de mentirme y quedarse tan tranquilo.

Le expliqué que yo le quería y siempre le voy a querer haga lo que haga, pero que no me gustaba ese comportamiento. Y le puse el ejemplo de monstruos buenos y monstruos malos. Los malos eran los que mienten y se no quieren ir al colegio, y que acaban volviéndose cada vez más feos, en cambio los monstruos buenos dicen la verdad, son estudiosos, y cada día se vuelven más listos y más guapos. Le pregunté ¿Qué tipo de monstruo era él? Y algo se le removió en su interior, y acabó reconociendo que había mentido y que se duerme en clase, pero que no puede evitarlo, que se le cierran los ojos. Poco después descubrí que por las noches se dedica a jugar con el teléfono de su hermana…Todo aclarado, ya fue más fácil actuar y buscar una solución antes que desembocase en problemas mayores.

A veces es difícil para un padre, que no tiene ningún sentimiento negativo por su hijo tratar de corregirle con castigos o reprimendas, pero a veces es la única manera de evitar que cometan errores y de que aprendan y se conviertan en monstruos buenos, cada día más listos y más guapos.

Hijos adolescentes

Amor a los hijos en la adolescencia:

Durante el periodo de la adolescencia es cuando la figura de los padres alcanza la mayor importancia. El amor incondicional aparece y hace presencia de manera constante, y también constantemente es puesto a prueba por los distintos desafíos y problemas propios de estas edades.

  Es posible que haya un buen trabajo detrás de la educación infantil, cuando los hijos son más pequeños, pero cuando la adolescencia llega y agarra a nuestros hijos por los hombros, los zarandea y los despierta, como si hubieran estado durmiendo un largo letargo, entonces, todo cambia, y se convierten otras personas, mejores o peores, pero que siguen necesitando, aunque ya no lo digan, el amor incondicional de sus padres.

Amor a los hijos en la edad adulta:

edad adulta

La mayoría de los padres consideran que cuando los hijos han alcanzado la edad adulta, su papel como padres ha terminado. Y no es cierto. Aunque los hijos abandonen el hogar y vivan de manera independiente, el papel de los padres sigue siendo una pieza fundamental que conforma la base de sus vidas.

El papel de los padres ahora será más distante, pero no por ello menos importante. Pues los adultos no dejan de ser niños grandes con miedos, temores e inseguridades, y siguen necesitando esas palabras de consuelo cuando las cosas no van bien.

Si tienes hijos casi adultos, y pensabas que por fin ibas a deshacerte de ellos, olvídate! Vendrán a contarte sus problemas, a pedir un consejo, a que les cuides los nietos… Seguirán necesitando tu amor incondicional.

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